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sábado, 10 de marzo de 2018

Abderramán III, el poder y la felicidad



Abderramán III, Califa cordobés ejemplo de cultura y refinamiento, construyó, según cuenta la leyenda, la esplendorosa  ciudad palatina de Medinat al Zhará (Medina Azahara) a las afueras de Córdoba, como muestra de amor a su esposa "al Zhará" (la Flor), una urbe resplandeciente que es conocida como el Versalles de la edad media. No solo volcó sus esfuerzos con esta ciudad, sino que continuó ampliando y embelleciendo la maravillosa Mezquita de Córdoba. No cabe duda de que este califa era muy consciente del valor de la arquitectura y así decía:

Medinat al Zhará "Ciudad de la Flor de Azahar"
"Cuando los reyes quieren que se hable en la posteridad de sus altos designios —escribió—, ha de ser con la lengua de las edificaciones. ¿No ves cómo han permanecido las pirámides y a cuántos reyes los borraron las vicisitudes de los tiempos?"

Abderramán III (912-929) lo tenía todo para sentirse tremendamente dichoso y aún así sus últimos momentos estuvieron marcados por una profunda depresión que casi le impedía hablar sin echarse a llorar. El testamento que dictó era un ejemplo de que el dinero y el poder no son garantías de felicidad, por mucho que todos insistamos en ello y así decía: 

"He reinado más de cincuenta años, en victoria o en paz. Amado por mis súbditos, temido por mis enemigos y respetado por mis aliados. Riquezas y honores, poder y placeres aguardaron mi llamada para acudir de inmediato. No existe terrena bendición que me haya sido esquiva. En esta situacion he anotado diligentemente los días de pura y auténtica felicidad que he disfrutado: Suman catorce. Hombre, no cifres tus anhelos en el mundo terreno".

Abderramán III
Fue un gran gobernante que tuvo como reflejo de si mismo a Córdoba, una ciudad que ha pasado a la historia como ejemplo de cultura, de concordia y convivencia respetuosa y pacífica entre religiones tan mal avenidas a veces como la judía, la musulmana y la cristiana. Fue tal su esplendor que llegó a ser conocida como "La perla de occidente" capaz de rivalizar durante todo un siglo con otras urbes tan señeras como Bagdad o Constantinopla. Del gobierno de Abderraman III dijo un cortesano llamado Ibn Abd Rabbihi:

"La unión del Estado rehízo, de él arrancó los velos de tinieblas. El reino que destrozado estaba reparó, firmes y seguras quedaron sus bases (…) Con su luz amaneció el país. Corrupción y desorden acabaron tras un tiempo en que la hipocresía dominaba, tras imperar rebeldes y contumaces"

Vamos lo que nos hace falta ahora....


Mezquita de Córdoba

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"El beso" de Rodin y el hombre que sirvió de modelo



Nada podemos contra el inexorable paso del tiempo, salvo si uno está esculpido en piedra por un genio como Auguste Rodin en una obra maestra como "El beso", entonces eres inmortal. Aunque no lo parezca de eso nos habla el óleo con el que encabezamos esta entrada, una obra de Tamara de Lempicka titulado "Hombre viejo con guitarra" (1935). Su secreto nos lo contaba la propia pintora:  

"Yo quería pintar un hombre viejo. Era una necesidad superior a mis fuerzas… Él me acompañó al estudio… Después, un día… sacó de su bolsillo un amarillento recorte de periódico. Había sido doblado cientos de veces. Me lo dio y dijo: "Yo no siempre he sido así como usted me ve hoy." El recorte trataba de los amantes de Rodin. Se especificaban los nombres de los modelos. "Yo soy ese hombre", dijo".

Nadie adivinaría, de no leer la anécdota. que esa persona es la misma que sirvió de modelo para "El beso" de Rodin. De la mujer no sabemos nada pero seguro que ella, con los años, también llevaba toda una vida esculpida en su rostro.

"El beso" (1882) se basaba en la historia de Paolo y Francesca, personajes reales que vivieron en la Italia medieval. Dante recogió su historia en "La Divina Comedía" y nos contaba como mueren a manos del marido de ella cuando este los sorprende besándose. A la pareja, que eran cuñados, se les conocía como "los amantes malditos" por haber sido condenados a errar por los infiernos en un eterno castigo por su amor prohibido. Dante les reservó habitación (sin vistas) en el circulo del Infierno destinado a los lujuriosos.

La obra fue ideada por Rodin para que presidiera su monumental "Puerta del infierno", hasta que el escultor se dio cuenta de que una obra como aquella, para nada representaba a unos amantes malditos, de hecho, estaba llena de encanto y rezumaba armonía, felicidad y amor; tal era su belleza que en modo alguno podía coronar una puerta tan siniestra. Desde entonces la sacó de aquel proyecto (que nunca llegó a culminarse) y le dio entidad propia e independiente. Fue un éxito inmediato y la gente que no sabía identificar a los personajes ni su truculenta historia empezó a referirse a la obra como "Le baiser" (El beso), un título sin duda mucho más apropiado.  

Fuente: A partir de la biografía Tamara de Lempicka publicada por Taschen

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